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ESCRITO POR
*Rubén Cózar

17
JUNIO 2026

¿Están preparados los forjados de nuestros garajes para el coche eléctrico masivo?

El debate sobre la transición hacia el vehículo eléctrico (VE) suele centrarse en la autonomía, los puntos de recarga o la capacidad de la red eléctrica. Sin embargo, en el sector de la edificación y la ingeniería estructural la pregunta es más elemental: ¿soportarán las estructuras actuales el peso de un parque móvil 100% eléctrico?

La respuesta es sí, por lo general. Las estructuras actuales tienen margen, pero existen matices que no debemos ignorar, especialmente en las edificaciones más antiguas.

Incremento de peso

Los coches eléctricos pesan entre un 20% y un 30% más que sus equivalentes de combustión, debido principalmente a las baterías de litio. Un SUV compacto de combustión ronda los 1.400 - 1.600 kg; su versión eléctrica sube fácilmente a los 1.900 - 2.200 kg. En gamas altas el peso se dispara por encima de los 2.600 kg.

Pero si miramos atrás, los garajes de los años 70 se diseñaron pensando en coches como el Seat 1400 (1.200 kg), el Renault 12 (900 kg) o el Ford Fiesta (alrededor 800 kg). En aquella época, la inmensa mayoría de los utilitarios ni siquiera se acercaba a la tonelada.

La evolución normativa: ¿Cómo se calculaba antes y cómo se calcula ahora?

Para entender el riesgo estructural real, debemos analizar cómo ha evolucionado el cálculo de forjados en España a lo largo de las décadas.

 

 

El cambio de paradigma: Las normativas antiguas asumían que las cargas se repartían de forma perfecta y lineal (método de tensiones admisibles). El CTE actual introdujo una revolución: redujo la carga uniforme a la mitad porque un coche no ocupa todo el espacio de forma homogénea, pero añadió la carga puntual de 2.000 kg que simula la presión de la rueda de un vehículo.

La realidad es que un forjado es complicado que se colapse de golpe, antes irá dando síntomas. El reto técnico aparece bajo el factor acumulativo.

 Entonces, ¿dónde debemos poner el foco?

  1. Edificios anteriores al año 88: Pueden carecer de mallazo de reparto y capas de compresión normativas, lo que los hace más vulnerables a cargas locales.
  2. Estado de conservación: Estructuras con humedades, filtraciones o carbonatación ven mermada su capacidad. Añadir un 30% más de peso en un hormigón fatigado multiplica el riesgo.
  3. Vehículos de gran tonelaje: Los modelos que superan los 3.000 kg pueden acercarse a los límites de diseño de los forjados de ciertas épocas.
  4. Seguridad contra incendios: El comportamiento térmico de las baterías de litio en caso de siniestro exige revisar la sectorización y la resistencia al fuego de los sótanos antiguos.

¿Hay que entrar en pánico?

En absoluto. Los coeficientes de seguridad siempre han sido generosos. Sin embargo, la prudencia técnica es obligatoria. Antes de acometer instalaciones masivas de puntos de recarga en comunidades de propietarios con garajes de más de 40 o 50 años, es recomendable exigir un dictamen de seguridad estructural e integridad del forjado.

La movilidad del futuro no solo se diseña pensando en cables, software y baterías, se sostiene, también, sobre el hormigón y el acero que tenemos bajo nuestros pies.

*Rubén Cózar director general de Negocio de Foro Consultores

 

 

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